EL GIGANTE DORMIDO DE LA REGULACIÓN

giganteEsta expresión, que tanto hemos oido en referencia a cualquier sujeto que parece desconocer su tremendo potencial, es completamente aplicable a lo que nos está tocando vivir a medida que van pasando los años sobre nuestro movimiento asociativo cannábico. Hoy en día podría parecer que estamos ya a un paso de la tan ansiada regulación en el uso del cannabis pero, ¿realmente es así, o es un mero espejismo que impide calcular la distancia que aún no separa de esa meta? ¿es el momento preciso para regular o nos hemos pasado de frenada dentro de la propia concepción de lo que debe ser un club social de cannabis?

Lo que está claro es que actualmente nos encontramos con un escenario donde cualquiera pretende pescar en aguas revueltas, donde el activismo queda como una reliquia ideológica que decora la fachada de nuestro club y donde la lucha por normalizar la situación de las personas socias, se enfrenta con ostentosos proyectos llenos de mucho color, y poco sentido común. ¿Qué hemos hecho mal o qué nos hemos dejado por el camino?, en realidad, esto ha sucedido sin darnos cuenta, la ceguera e inoperancia política hizo el resto.

El club social de cannabis, es y sigue siendo la mejor respuesta a unas políticas sobre cannabis inexistentes en nuestro país. La oportunidad desperdiciada a la hora de regular las actividades de nuestras asociaciones, ha sido una de las mayores torpezas cometidas por un gobierno que debía de haber abierto la mano hacia un modelo más seguro y con grandes posibilidades de convertirse en la gran solución a un problema (el cultivo de cannabis) sobredimensionado por completo. Ya podiamos haber legalizado hace tiempo el cultivo personal, la tenencia y regulacion expecifica para los CSC’s del estado, nos habriamos ahorrado una situación descontrolada y llena de múltiples resquicios por donde se instalan Coffe-shops en formato de asociacion.

Pero claro, ¿como debería de ser esa regulación y por donde empezar?. Lo inusual en nuestra situación particular, es la escasa implicación política en esta cuestión. Parece como si hubieramos visto un fantasma y nos diera verguenza hablar sobre ello, ¿que dirán de mi si lo comento?: Incoherente, o simplemente iresponsable y ya no sirves para hacer política. Esa es la cuestión por la que ningún/a político quiere hacer de la regulación del canabis su ”Waterloo” particular: el escarnio público o el ”destierro político”. Una cosa es cierta, no contaban con una ciudadanía que ha sabido organizarse para ser escuchados en igualdad de condiciones.

Los años pasan, y la desidía propia de una clase política más preocupada por encontrar aquello que puede servirle de artillería contra el oponente político, ha conseguido disparar las alarmas sobre lo que nos ha venido encima. El incremento de las incautaciones de cannabis, el crecimiento espectacular de clubes sociales de cannabis, el descubrimiento de grandes plantaciones que abastecen a paises del otro lado de los pirineos y la sofisticación en el lavado de dinero procedente de estas mafias, han convertido nuestro país en lo que vulgarmente se conoce como: ”libre albedrío”. Un territorio sin más ley que la del dinero. Donde cultiva todo aquel que sabe cómo invertir sus billetes y mover los hilos pertinentes. ¿Era esto lo que nos imaginabamos cuando comenzó la lucha por los derechos de las personas usuarias?.

Desaprovechar el tiempo. Eso es lo que hemos estado haciendo durante más de una década, desequilibrar tanto la balanza que ahora todo se encuentra a favor del descontrol y del oportunismo. Un cannabis bien regulado tendría que contemplar tres únicas vías: 1) Uso terapéutico. 2) Autocultivo personal y colectivo. 3) Regulación CSC’s

Esas 3 sencillas herramientas son como un abismo para algunos grupos parlamentarios, la moral prohibicionista se acaba imponiendo siempre sobre cualquier otro enfoque. Tanto, que se hace extraño el que resulte irrelevante las estimaciones sobre la posible recaudación en materia de impuestos que puede generar una regulación en el uso del cannabis: impuestos directos, cotizaciones seguridad social, etc…¿Cómo podemos ser tan listos para algunas cosas y tan tontos para otras?, ¿de verdad es tan complejo establecer unas normas básicas para reglamentar su uso?, lo hemos hecho con temas fiscales, energéticos, etc… ¿qué puede dificultar tanto la puesta en marcha de mecanismos para normalizar cuestiones que se continuarán haciendo por más que se mantenga la prohibición?

Con una deuda que supera ya el 100% del PIB, necesitamos estímulos económicos que reviertan esa situación de forma urgente. El cannabis no debe convertirse en el nuevo ”oro verde”, más bien es un recurso del que debemos de aprender y saber devolverle la dignidad que le hemos robado durante demasiados años. ¿Puede ayudarnos?, claro que si, sin ninguna duda. Pero comportémonos como se merece y no vayamos de ”iluminados” por la vida. Crear recursos para financiar políticas sociales, creación de empleo y la ayuda a refugiados o a personas en riesgo de exclusión social deben de ser argumentos más que suficientes cómo para ponerse ”manos a la obra”. Si al gobierno no le bastan estas razones…a la sociedad SI !!!

La cultura del miedo arrasa allí por donde le ordenan que aparezca, sin más razón que la de influir en el concepto de lo que debe ser o no ser razonablemente aceptado por la sociedad. Ese es su habitat favorito, el de una sociedad sumisa y despreocupada. Vimos una brecha de libertad bajo el amparo del derecho de asociaciones, pero a muchos, ese traje le quedó muy grande. Ese reconocimiento a la capacidad de organización de nuestra sociedad, mutó en una especie de engrendro inclasificable, donde se en muchas ocasiones se confunden activismo social con ”oportunismo social”.

Regulemos, si…pero con conciencia social. Si…pero pensando primero en las personas. Si…pero sin corromper (si es posible) todo lo que rodée al cannabis.

Sólo queremos lograr un mundo mejor sin prohibiciones que no conducen a ningún lugar, ya lo hemos comprobado después de tantos años. Así que #SiembraElCambio y #SalDelOtroArmario !!!

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